Categoría: ↻ Entre verso y prosa.

❝ El arte de sonreír

Si la risa – conforme y tan a menudo se ha observado- nos distingue de los animales, acaso tal diferenciación pudiera mejor determinarla y fijarla la sonrisa. La sonrisa que se antoja, a veces, trasunto del cielo, que es espíritu, que es finura, que es inteligencia, que es gracia.

Reviste la sonrisa los más variados caracteres. Ya es agradable, ya maliciosa o burlona; se colorea de espiritualidad o de alegría; es graciosa o irónica, impertinente o ligera. Pero “es” de alguna manera; y siendo, nos subyuga y atrae.

Lo malo es no sonreír. Lo lamentable, no sonreír nunca.Recuérdese, en La Ilíada, la “sonrisa mojada en lágrimas”, de Andrómaca, cuando Héctor para despedirse, se despoja del casco resplandeciente, y el niño, al cabo, se refugia en el seno perfumado de la madre. Esa sonrisa mojada en lágrimas raya en la sublimidad. Mas, la sonrisa, recorre gentilmente toda la escala, de la sublime a lo trivial, de lo llano y simple a lo misterioso y enigmático. Recuérdese, a propósito, la de Monna Lisa.

Aunque siendo primas hermanas, hay una diferencia profunda entre la sonrisa y la risa. El reír, le es dable a cualquiera; el sonreír -el sonreír bien, interesantemente-, a muy pocos. Advertía el viejo Fontenelle que las mujeres lindas hay que saben reír, pero no sonreír; y el adorable Teófilo Gautier aseguraba que las mujeres sonríen a menudo cuando tienen bonitos dientes. Victor Hugo, en fin el poeta de las hipérboles desmesuradas, afirma que la sonrisa de la mujer que ama tiene claridad, que se ve la noche.
Pero no sólo las mujeres sonríen o deben sonreír.

Debemos sonreír todos. Debemos sonreír; aunque, claro está, a su tiempo y espontáneamente, y todo no así como así, sino con su cuenta y razón.
Conocida es la práctica yanqui de aconsejar a uno la sonrisa.
¡Sonría usted!
La orden, así, de pronto, tan perentoria; cuando no por ímpetu burlesco, arranque la sonrisa, nos causa extrañeza, nos molesta. ¿Por qué he de sonreír yo al entrar en esta tienda? ¿Qué le incumbe al fúnebre vendedor de radios que yo sonría o no sonría?
No obstante, y pese a la resistencia, a la irreprimible rebeldía que el consejo o la orden al primer ver suscita, comprendemos que hay razón en sugerirlo o reclamarlo. Es bueno sonreír. Se debe sonreír hasta para tratar aparatos de radio. La sonrisa es buena no sólo en el comercio de las tiendas, sino en el comercio de la vida. Dámosle, al verla insinuarse, la bienvenida.
¡Cuántas malas inteligencias, cuántas grescas y alborotos, cuántos sinsabores y molestias esquiva una sonrisa!
¡Cómo la sonrisa suele ser correctivo eficaz, índice discreto, que al par que establece y afirma la paz y templanza, señala, gozosa, lo que de torpe o vulgar nos sale al paso en la vida.

En suma, la sonrisa es el gran recurso para sobreponerse a las acideces de la existencia. Templa, corrige, rectifica, endulza, clama; es luz que ilumina en las sombras, perfume que halaga, consuelo que fortalece, claridad espiritual, fulgor de inteligencia. Por todo lo cual aspiraríamos, y unánimemente deberíamos aspirar a sonreír siquiera por no ser menos.

Quiere esto decir que hay un arte en la sonrisa, arte cuyo cultivo deberíamos proponernos. Tal vez, seguramente, el pulir nuestro espíritu, el asomarse al jardín interior, el coloquio con el yo profundo, lo afine, acendre y embellezca.

Quien nació con cara de palo, con cara de palo se queda; pero quién sonríe, sonreirá siempre.

                                                                                                                                                                     >Carlos González Peña/

CGP

Carlos González Peña.
[Escritor y crítico literario mexicano]

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❝ Mi espacio.

El espacio que yo ocupo

no existe si yo no existo,

ya que yo tan sólo ocupo

un espacio cuando existo.

Porque si yo no existiera,

no ocuparía espacio finito

aunque así yo lo quisiera,

en el espacio infinito.

Si, el espacio es infinito,

pero siendo yo finito,

sólo un cierto espacio ocupo,

que es finito, en lo infinito.

                                                         >Abel Salgado Rabadán/

mi espacio

Dibujo: Laura A. Salgado.